No importa cuál sea su decepción en la derrota, deben manifestar con nobleza el reconocimiento de la superioridad del contrincante. Así pondrán de relieve su concepto de la disciplina y del dominio sobre sí mismos, lo cual promueve sentimientos elevados que se necesitan tanto para el exterminio de los prejuicios. Y en cuanto a otros aspectos, yo recuerdo cierto regimiento magnifico cuyos reclutas habían recibido muy poca instrucción. Después que se les indicó la forma en que debían portarse, se les dijo que cuando ese comportamiento se convirtiera en hábito, se les permitiría disfrutar de sus diversiones, y se les consideraría como verdaderos soldados. Es decir, la tarea de adiestrarse se les confirió a ellos mismos, en lugar de recurrir a varios meses de tedioso ejercicio para inculcarles el comportamiento militar. Y aquellos hombres entrenáronse a sí mismos y unos a otros, con tanto éxito que consiguieron salir de la categoría de reclutas en menos de la mitad del tiempo requerido generalmente.

Ahí tenemos otro ejemplo de la diferencia entre instrucción y educación. Ese admirable resultado se obtuvo inspirando ambición en los individuos, y confiándoles toda la responsabilidad. Y ésa es, exactamente la forma en que, según mi humilde opinión, puede lograrse con la mayor facilidad el desarrollo físico y mental de la juventud.
Pero recordando siempre que los deportes, el aire libre, una alimentación nutritiva y el descanso adecuado contribuyen mucho más al desarrollo normal del organismo humano que todos los ejercicios militares imaginables.
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