El romanticismo de los caballeros atrae a todo muchacho y estimula su sentido moral. Su Código de Caballerosidad abarca el honor, auto disciplina, cortesía, valor, abnegación en el cumplimiento del deber y orientación religiosa.
Estas normas, según fueron publicadas en
tiempos de Enrique VII, son las siguientes:
1. Nunca deberán quitarse sus armaduras, excepto
para dormir;
2. Buscarán la aventura para alcanzar
"brillo y renombre";
3. Defenderán al débil y al desvalido;
4. En una querella, apoyarán al que tenga la
razón y solicite ayuda;
5. No deberán ofenderse entre sí;
6. Lucharán por la defensa y bienestar de su
país;
7. Trabajarán por honor antes que por lucro;
8. No romperán nunca una promesa por ninguna
razón;
9. Se sacrificarán por el honor de su patria;
10. "Preferirán morir con honor a escaparse y
vivir en la infamia."
El ideal de los caballeros y el principio de
rectitud en las acciones son, por sobre todo, lo primero que debe inculcarse en los muchachos para guiarlos por el limpio sendero de la
justicia que debe

Durante el juego se observan reglas estrictas que implican dominio de sí mismo y buen humor de parte de los jugadores, y al fin de la justa, lo correcto es que el victorioso muestre hidalguía hacia el vencido, y que éste sea el primero en felicitar al vencedor.
Esto debería practicarse hasta convertirlo en hábito. Otra gran ayuda, para fomentar entre los muchachos el sentido de la justicia, es la práctica de debates sobre asuntos que les interesen y en los cuales dos bandos argumenten, lo cual sirve para hacerles comprender que todo asunto importante tiene dos aspectos, y que no hay que dejarse llevar por la elocuencia de un orador antes de haber oído la contraparte, para entonces pesar la justicia que asiste a ambos litigantes antes de dictar el fallo. Una medida práctica para garantizar esto es que la votación no se haga levantando las manos, porque los muchachos timoratos o desatentos votan siguiendo a la mayoría.
Cada cual debe entregar su voto ("Si" o "No") anotado en una hoja de papel. Esto da al muchacho ocasión de juzgar, con su propio criterio, después de aquilatar ambos aspectos del asunto.
De la misma manera, los juicios ficticios o el arbitraje de litigios, si se efectúan seriamente siguiendo las prácticas de un tribunal auténtico, son de gran valor para dar a los muchachos la idea de justicia y rectitud en sus acciones, y también proporcionarles nociones de su proceder cuando más tarde puedan llegar a ser jurados o testigos de algún juicio verdadero.
La Corte de Honor de la Tropa es otro paso encaminado hacia ese fin y teniendo a los muchachos como miembros de ella (una responsabilidad real) la seriedad de sus puntos de vista se arraiga más profundamente en ellos, fomentándoles el deseo de analizar cuidadosamente la decisión que deben tomar en un argumento. Así es como, usando su juicio con el fin de enseñar rectitud, abnegación y sentido de obligación para con los demás, el Jefe de Tropa puede aprovechar grandes oportunidades para educar a sus muchachos, ya sea bajo techo o al aire libre.
A pesar de que sólo la he abordado someramente, creo que -de todas las materias que nos ocupan- ésta es la más importante para formar hombres con criterio propio y alto sentido de ciudadanía.
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