domingo, 16 de septiembre de 2012

EL JEFE DE TROPA

Como palabra preliminar de aliento para los que aspiran a ser Jefes de tropa, quisiera desvanecer el concepto errado que usualmente se tiene sobre que, para llegar a lucirse como Jefe de Tropa, el individuo debe ser émulo del admirable caballero Crichton, es decir, ser sabio...
No hay tal cosa. Sencillamente, lo que sí debe ser es hombre-muchacho, esto es:
1) Poseer espíritu de muchacho y saber, como primera medida, colocarse en su plano;
2) ser consciente de las necesidades, perspectivas y deseos inherentes a las distintas edades de los muchachos;
3) tratar con el muchacho individualmente, y no en conjunto, y
4) fomentar el espíritu de cooperación para obtener los mejores resultados.
El Jefe de Tropa guía al muchacho con el espíritu de un hermano
mayor.

Con referencia al primero de estos puntos, es de saber que el Jefe de Tropa no tiene que ser ni maestro de escuela, ni oficial de mando, ni director espiritual, ni tampoco instructor. Todo lo que se requiere es el don de saber gozar con provecho del aire libre, compenetrarse del anhelo de los muchachos, y tener el tino de encontrarles otras personas que los encarrilen en la debida dirección, ya sea con respecto a materia de señales o de dibujo, del estudio de la naturaleza o de la exploración. Tiene que hacer las veces de hermano mayor, esto es, considerar las cosas desde el punto de vista del muchacho, aconsejarlo, y guiarlo por el buen sendero, transmitiéndole entusiasmo. Como un verdadero hermano mayor, debe apreciar el valor de las tradiciones de su familia y procurar que las conserve, aún cuando para ello necesité emplear mucha firmeza. Eso es todo. El Movimiento es una confraternidad de alegría, tanto más jovial cuanto que en el juego del Escultismo se hace una gran obra para los demás: combatir el engendro del egoísmo. Con respecto al segundo punto, diremos que existe por ahí gran variedad de manuales que tratan de los aspectos sucesivos de la vida del adolescente. En cuanto al tercer punto, la misión del Jefe de Tropa -de suyo muy interesante- es procurar que el muchacho muestre sus recónditos sentimientos e imponerse sutilmente de lo que anida en su alma. 

Logrado esto, debe asir lo bueno que encierra su ser, para desarrollarlo a fin de que elimine lo malo. Por malo que sea el carácter de una persona, siempre hay en él un lado bueno. El juego consiste en acertar a descubrir esa buena semilla; saber cultivarla y abonarla, para que llegue a fructificar con mayor abundancia. Esto no es instruir a la mentalidad joven; es educarla. Por lo que hace al cuarto punto: en el adiestramiento para el Escultismo, el Sistema de Patrullas refleja en su conjunto la expresión del adiestramiento individual, que en la práctica indica todo lo que al muchacho se le ha enseñado. 
El Sistema de Patrullas cuenta también con un valioso elemento para la formación del carácter, si se sabe aprovecharlo como se debe. Mueve a cada muchacho a tratar de asumir alguna responsabilidad personal por el bien de su Tropa. Induce a cada patrulla o tropa a preocuparse del descargo de alguna misión bien definida que sea de provecho para la Tropa. Interpretando este espíritu, el Jefe de Tropa queda en condiciones de juzgar, no solamente su propia instrucción, sino también sus ideas con respecto a la perspectiva moral de sus scouts. 
A la luz de ese espíritu, el scout mismo va comprendiendo poco a poco oue tiene voz y voto en lo que hace la Tropa de que forma parte. El Sistema de Patrullas hace que la Tropa, y por ende todo el Escultismo, sea un esfuerzo genuinamente cooperativo.

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